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El valor del mes: la honestidad

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Cuando un ser humano es honesto se comporta de manera transparente con sus semejantes, es decir, no oculta nada, y esto le da tranquilidad.

Quien es honesto no toma nada ajeno, ni espiritual ni materialmente: es una persona honrada.

Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor.

Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.


Para ser honestos...

Conozcámonos a nosotros mismos.
Expresemos sin temor lo que sentimos o pensamos.
No perdamos nunca de vista la verdad.
Cumplamos nuestras promesas.
Luchemos por los que queremos jugando limpio.



EL PASTORCITO MENTIROSO


Un pequeño pastor que cuidaba su rebaño en una ladera alejada de su pueblo y al que le gusta mucho llamar la atención, se puso un día a gritar angustiosamente:

-¡Ahí viene el lobo! ¡Ahí viene el lobo! ¡Ayúdenme por favor, que se va a comer mis ovejas!

Los aldeanos, al oírlo, se asustaron mucho y abandonaron sus ocupaciones para correr a ayudarle.

Al llegar, el pastorcito, muy satisfecho, les dijo:

-¡Demasiado tarde! Acabo de espantarlo yo mismo.

Admirados de que el muchacho se las hubiera arreglado solo, volvieron a sus labores, totalmente exhaustos por la carrera.

Días después se volvió a escuchar el mismo grito:

-¡El lobo! ¡El lobo! ¡Socorro!

Y otra vez los habitantes del pueblo corrieron a ayudarle.

Y el pastorcito los volvió a recibir con gran tranquilidad, afirmando con aire de triunfador que él solo se había encargado de ahuyentar al a temida fiera. Lo mismo ocurrió otras tres o cuatro veces, hasta que los aldeanos, molestos, empezaron a sospechar que se trataba de una broma y decidieron no volver a preocuparse más.

Un día, sin embargo, una manada de lobos atacó de verdad el rebaño del joven pastor. Este gritó y gritó desesperadamente pidiendo ayuda, pero los de la aldea se rieron, pensando que se trataba de la misma burla y nadie movió un dedo para ayudarle. Cuando los lobos se fueron, al pastorcito no le quedaba ya ni una sola oveja.

(extraído del Libro de los Valores ¿tienes el valor o te vale? editorial Televisa)

Los que dicen mentiras  solo ganan una cosa:
no tener crédito aun cuando digan la verdad.
PREDIQUEMOS SIEMPRE CON EL EJEMPLO