La homofobia, ¿entre el miedo y la aceptación? (parte uno)

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El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, aunque también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales, transgenéricas y transexuales. Están íntimamente relacionadas con las estructuras sexistas de la sociedad, es una enfermedad personal o social y con frecuencia los homofóbicos no respetan los derechos de los homosexuales como el derecho a la vida, y la integridad personal, a la educación, y trabajo, a la privacidad, al desarrollo de la sexualidad, a expresar amor, y a formar una familia. (Olmedo, 2004). A la persona que padece de homofobia se le dice "homófobo" (sustantivo), mientras que el adjetivo correspondiente es "homofóbico" (por ejemplo, en "persona homofóbica"). Si bien la homofobia no es un término psiquiátrico ni existe nada parecido a la "homofobia clínica", hay individuos en los que este estado adquiere extremos patológicos muy radicales, encuadrables con otros trastornos de la salud psíquica. (Ramírez, 1997). Con relación a los grupos humanos homofobicos, cabe preguntarse acerca de la motivación de dicha hostilidad. Freud sostiene que la pulsión agresiva es inherente al sujeto humano, que existe una predisposición al odio (Freud, 1921). Puntualiza que esta agresividad desaparece e la formación de masa, para ser reempezada por la hostilidad a una minoría que sea diferente, e algún rasgo, a la comunidad de la masa.

Llamo a este fenómeno “narcisismo de las pequeñas diferencias” y postulo que ahí se produce una “satisfacción cómoda e inofensiva de la inclinación agresiva, por cuyo intermedio se facilita la cohesión de los miembros de la comunidad”, (Freud, 1929). Siendo complementarios el amor y la solidaridad hacia los pares y la agresión y el odio como la aversión y el temor a la homosexualidad y a los homosexuales.

Es muy probable que la fobia heterosexual a tener relaciones sexuales con el propio sexo se presente solo en aquellos en que precisamente el deseo es mas fuerte y la represión esta en peligro de ceder ante los embates del deseo prohibido. (González de Alba, 2003). La homofobia esta estrechamente vinculada a cierta concepción de la masculinidad y por ende, no concierte tanto a las lesbianas. Por otra parte, en el enfoque machista, la sexualidad gira en torno al pene: donde no hay pene, no hay sexo. Lo anterior no significa que las lesbianas no sean un blanco para la violencia y la discriminación homofóbicas; las sociedades machistas castigan duramente a las lesbianas, cuando no las ignoran. (Castañeda, 2006).

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gays y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos). (Ramírez, 1997).

Con relación a los grupos humanos homofobicos, cabe preguntarse acerca de la motivación de dicha hostilidad. Freud sostiene que la pulsión agresiva es inherente al sujeto humano, que existe una predisposición al odio (Freud, 1921). Puntualiza que esta agresividad desaparece e la formación de masa, para ser reempezada por la hostilidad a una minoría que sea diferente, e algún rasgo, a la comunidad de la masa.

Llamo a este fenómeno “narcisismo de las pequeñas diferencias” y postulo que ahí se produce una “satisfacción cómoda e inofensiva de la inclinación agresiva, por cuyo intermedio se facilita la cohesión de los miembros de la comunidad”, (Freud, 1929). Siendo complementarios el amor y la solidaridad hacia los pares y la agresión y el odio como la aversión y el temor a la homosexualidad y a los homosexuales.

Es muy probable que la fobia heterosexual a tener relaciones sexuales con el propio sexo se presente solo en aquellos en que precisamente el deseo es mas fuerte y la represión esta en peligro de ceder ante los embates del deseo prohibido. (González de Alba, 2003).

La homofobia esta estrechamente vinculada a cierta concepción de la masculinidad y por ende, no concierte tanto a las lesbianas. Por otra parte, en el enfoque machista, la sexualidad gira en torno al pene: donde no hay pene, no hay sexo. Lo anterior no significa que las lesbianas no sean un blanco para la violencia y la discriminación homofóbicas; las sociedades machistas castigan duramente a las lesbianas, cuando no las ignoran. (Castañeda, 2006).

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gays y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos). (Ramírez, 1997).

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  • Alzate, H, (1997), Sexualidad Humana, (2º. Edición), Bogota, Colombia, (pp. 22-30, 126-130), Editorial Temis.
  • Alison, J, (2003), Una fe más allá del resentimiento: fragmentos católicos en clave gay, Madrid, España, (pp. 45-49), Herder.
  • Álvarez-Gayou, JL, (2001), Homosexualidad, derrumbando mitos y falacias (lo. Reimpresión 2001), México DF, (pp. 9-13, 15-17, 30-32, 62, 64), Ed. Ducere-IMESEX.