Hiperactividad

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Desde el punto de vista de un adulto, muchos niños de dos años son “hiperactivos”. Pero, es perfectamente normal que un niño de esta edad prefiera correr, saltar y encaramarse a todas partes que andar despacio o estarse sentado tranquilamente. También es posible que hable tan rápido que cueste entenderlo, y es posible que a usted le preocupe su corto margen de atención. Tenga paciencia. Lo más probable es que este exceso de energía vaya remitiendo conforme su hijo se aproxime a la edad escolar.

Mientras el nivel de actividad de un niño sea elevado, tendrá más sentido que sean los padres los que intenten adaptarse a él que forzar al niño a que baje el ritmo y se tranquilice. Si su hijo es “un terremoto”, modifique sus expectativas en consonancia. No espere que se esté quieto en una larga reunión comunitaria o en un restaurante. Si se lo lleva de compras, prepárese a ir al ritmo de su hijo, no al suyo. En general, evite colocarlo en situaciones que lo hagan sentirse recluido, en las que probablemente ambos acaben frustrados. Déle muchas oportunidades para que “queme” su exceso de energía participando en juegos que impliquen correr, saltar, trepar, patear o lanzar pelotas.

Sin una guía firme, la energía de un niño muy activo puede transformarse fácilmente en un comportamiento agresivo o destructivo. Para evitarlo, establezca normas claras y sensatas y aplíquelas consistentemente. También puede fomentar un comportamiento más clamado elogiando a su hijo cuando juegue tranquilamente o se pase más de unos pocos minutos seguidos mirando un libro. También puede ser efectivo de mantener las rutinas as de la comida, el baño, la siesta y la hora de acostarse lo más regulares posible, para que el día del niño esté claramente estructurado.

Un número reducido de niños en edad preescolar tienen problemas de hiperactividad y déficit de atención que persisten más allá de la etapa preescolar. Estos problemas sólo requerirán un tratamiento especial en el caso de que interfieran con el rendimiento académico o con las relaciones sociales del niño. Si usted sospecha que su hijo tiene dificultades en estos ámbitos, pídale al pediatra que lo evalúa para saber si existe un problema que requiera intervención médica.

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